lunes, 1 de noviembre de 2010

La Vanguardia: La crisis de 1918

Desde que había comenzado la guerra en Europa, los precios en España subieron, entre el 1914 y el 1917, el 40%, mientras que los sueldos sólo lo hicieron un 10%.Esto provocó un clima de crisis socio-económico en la ciudad de Barcelona que afectó al diario directamente.
El 15 de enero de 1918 La Vanguardia doblaba el precio de venta del diario, de cinco a diez céntimos, por el aumento de las materias primas (papel y tintas).
El ambiente en la capital catalana era muy tenso y durante todo ese año se vivieron varias huelgas y atentados. Al año siguiente, después de la huelga de “La Canadenca” , los diarios de la ciudad estuvieron paralizados por la oposición de los trabajadores del Sindicato Único, artos de una información distorsionada que no les favorecía. Del 25 de marzo al 14 de abril de 1919 no salió a la venta ninguno de los 16 diarios que tenia la ciudad.
La patronal, molesta por las pérdidas económicas, adoptó medidas. La Vanguardia volvió a salir a la venta con un tono más conciliador. Pocos días después, el 1 de mayo de 1919, el diario volvió a recuperar el precio de antes, cinco céntimos en lugar de diez.

La Vanguardia: economía durante la Exposición Internacional


A finales de la década de 1920, coincidiendo con la organización de la Exposición Internacional de Barcelona, La Vanguardia experimentó cambios tecnológicos en su diseño e introdujo nuevas técnicas, como el rotograbado. Todo esto supuso una inversión económica para renovar la imagen del diario.
Durante los días de la Exposición el diario incorporaba una sección diaria sobre el tema.
Algunos colaboradores cobraban 250 pesetas por artículo, pero era un caso excepcional. Normalmente los mejores pagados cobraban entre 125 y 175 pesetas. También estaban los que no llegaban a las 50 pesetas.
En el año 1929 (novedad del rotograbado y Exposición Internacional de Barcelona) la tirada media del diario era de 177.785 ejemplares, y las ventas (101.960) superaban ya a las subscripciones (75.825).

La Vanguardia: su economía después de la Exposición Internacional

El 1 de febrero de 1931 La Vanguardia celebraba su cincuenta aniversario en un ambiente político incierto. La dictadura de Primo de Rivera había caído y la monarquía estaba débil. Unas elecciones se veían próximas. En un artículo de principios, La Vanguardia se definía a sí misma como “apolítica e informativa” e indicaba que había llegado a vender 200.000 ejemplares, pero esto no era cierto según fuentes de la misma empresa. Vendía 138.526, la mitad en quioscos y la otra mitad a los subscriptores.
La empresa de los Godó era un negocio saneado, con una facturación de cuatro millones y medio en materia de publicidad. El mismísimo director Josep Escofet definía a La Vanguardia como el diario de masas en el que se había convertido gracias a que “el público interviene tanto o más en su confección material que en la orientación de su espíritu”.

La Vanguardia: Innovación (I)

El periódico La Vanguardia, mostraba signos de modernidad desde sus primeros años, cuando apenas contaba con una docena de redacoters y medios técnicos escasos. Muestra de ello es que fue el primero dos ediciones diarias.

Completaban la portada un cuadro sobre de la información meteorológica, una serie de anuncios publicitarios y una guía de espectáculos del Teatro Principal y del Gran Teatro del Liceo.
En la tercera, cuarta, quinta y sexta página, la información dominante erade carácter local. 

La siguiente habla exclusivamente de los espectáculos del día; la ocho de la situación económica y la nueve y le diez estaban dedicadas a los comentarios de los diversos corresponsales ubicados en Madrid o en distintas capitales extranjeras. 

En lo que al diseño se refiere, las primeras ediciones eran bastante sencillas. Los artículos  aparecían escritos en una única columna y la letra era considerablemente grande. No existían titulares destacados, se utilizaban las simples mayúsculas remarcadas con negrita precedidas de largas barras separadoras para diferenciar los temas de los que se hablaba. Los anuncios publicitarios, en cambio, estaban mucho más elaborados y poseían una mayor variedad de tipos y tamaños de letra.
La austeridad en el diseño cambió progresivamente con la mejora y el avance de los medios técnicos. 
Constaba de 24 páginas en tamaño cuarto (unos 203 X 131milímetros). En la portada aparecía el nombre del diario en letras destacadas sobre dos pequeñas "aclaraciones". "diario político y de avisos y noticias", haciendo referencia al marcado carácter ideológico del periódico, junto a la frase: "órgano del partido constitucional de la provincia".
Completaban la portada un cuadro sobre de la información meteorológica, una serie de anuncios publicitarios y una guía de espectáculos del Teatro Principal y del Gran Teatro del Liceo.
En la misma tercera, cuarta, quinta y sexta páginas, la información dominante era la de carácter local barcelonés. La siguiente nos hablaba exclusivamente de los espectáculos del día, la ocho de la situación económica y la nueve y le diez estaban dedicadas a los comentarios de los diversos corresponsales ubicados en Madrid o en distintas capitales extranjeras. En lo que al diseño se refiere, el primer número y los que lo siguieron eran bastante sencillos. Los artículos del diario aparecían escritos a una única columna y la letra era considerablemente grande. No existían titulares destacados sino que se utilizaban las simples mayúsculas remarcadas con negrita precedidas de largas barras separadoras para diferenciar los temas de los que se hablaba. Los anuncios publicitarios, en cambio, estaban mucho más elaborados y poseían una mayor variedad de tipos y tamaños de letra. Pero esta austeridad en el diseño iba a cambiar progresivamente con la mejora y el avance de los medios técnicos.

La Vanguardia: Innovación (II)

El 1 de enero de 1888, coincidiendo con la Exposición Universal de Barcelona, el periódico duplica su formato (pasa a los 440 X 290 milímetros) y empieza a publicar sus textos a cuatro columnas, introduciendo la edición de mañana y tarde.
Modesto Sánchez Ortiz, un reconocido periodista andaluz encargado por entonces de la dirección de "La Vanguardia", fue el responsable de esta emancipación y de la transformación del formato que hasta el momento se había utilizado. Este importante director se introdujo, además, en los círculos intelectuales y artísticos de Barcelona, abriendo el diario a los jóvenes pintores y escritores que presentaban a la sociedad catalana. En el año 1900, "La Vanguardia" publicaba la primera crítica de una obra de Pablo Picaso, por aquel entonces un joven desconocido pintor.

La incorporación al diario de todos estos nuevos talentos coincide en el tiempo con nuevas mejoras técnicas y estilísticas para la rotativa. La antigua cabecera triste con letras de palo fue substituida por la actual, creada por un especialista francés, desertor de la Gran Guerra que estuvo refugiado en Barcelona, su normbre era Franz Schuwer y optó por "una letra romana clásica, derivada del famoso alfabeto de la columna erigida por el emperador trajano en Roma, cuya belleza y claridad la han transformado en el prototipo perfecto de toda la tipografía occidental".


Lo que no cambió estos años en el diario fue su idilio con las esquelas funerarias. El rotativo siempre estaba encabezado por paginas de esquelas funerarias, a veces incluso diez paginas. Defendida esta practica en un articulo de la época de Horacio Sáenz Guerrero "Las esquelas funerarias son exactamente lo mismo que los Tortells de Sant Jaume manifestaciones distintas, una luctuosa y otra gastronómica, de una misma inexpugnable idiosincrasia local".


Con la intención de ordenar mejor el diario que hasta mediados de los años 20 era feo a la vista se organizaron mejor las secciones. Se mantuviero las esquelas en las primeras paginas con anuncios publicitarios que ya reclamaban un espacio preferente. Las secciones en el año 27 eran: artículos de forma destacada desde las primeras paginas de información con el destacado de Emilio Sánchez Pastor, la información local con títulos propios no como antes que salían sin identificar, el Fulletó, las gacetillas, la Vida Religiosa, la Vida Deportiva, la vida cinematográfica, donde ya se podían ver algunas fotos, la Sección Comercial, con datos de la bolsa, la información regional, la Información extranjera, las Colaboraciones, La vida marítima y los anuncios económicos. Cabe destacar que durante la exposición universal el diario salia cada día con una sección especial dedicada al tema, también con fotos destacadas. La euforia de la exposición decidiría a La Vanguardia a crear unas paginas especiales con huecobragado que como ya hemos dicho antes permitia ver mejor las fotos. Empezó con nueve paginas y con una foto de portada del rey Alfonso XIII, en la segunda pagina aparecían fotos de las autoridades de la época; El dictador, el alcade barón de Viver, el capitán general Barrera, el governador Milán del Bosch y el presidente de la Diputació. Otras paginas mostraban noticias gráficas de la ciudad. Desde ese momento se contó con la colaboración de reporteros gráficos como Brangulí, Josep Gaspar, Joan Maymó, Agusti Centelles, Josep Maria Segarra o Adolfo Mas.


Más adelante otros colaboradores pasaron a formar parte de la platilla del diario como Carlos Esplà que escribía desde París o Augusto Assía que lo hacia desde Berlín.
La tirada del diario durante la exposición Universal era de 122.278 ejemplares.
Se implantó en la La Vanguardia la técnica del retrograbado tirandolo separadamente de la tipografia -lo que permitia una calidad en las imágenes nunca vista en la prensa española.-que acoplándolas luego a las respectivas bobinas con un mecanismo muy ingenioso traído expresamente de Plauen. Se adquirieron nuevas rotativas de impresión en Alemania y en Suiza. La redacción fue dotada con teletipos para recibir la información nacional e internacional de las mejores agencias de noticias del mundo. De hecho la Vanguardia tubo durante algún tiempo en exclusiva el servicio de la prestigiosa United Press.

Exposición Internacional de 1929: Ideas y Propuestas

La Exposición Internacional de Barcelona de 1929 supuso una proyección de la ciudad al exterior y un gran avance, desde el punto de vista cultural, económico, ideológico, urbanístico, tecnológico y arquitectónico.

La idea de celebrar en Barcelona una segunda exposición Internacional fue posible gracias a la Mancomunitat.

En 1905, el arquitecto Josep Puig y Cadafalch publicó un artículo en "La Veu de Catalunya" donde solicitaba el voto para el Partido de la Lliga Regionalista y reclamaba una nueva Barcelona, que fuera llevada a la modernidad mediante una Exposición de carácter internacional.


El proyecto recibió el respaldo del Fomento del Trabajo Nacional y especialmente de Francesc d´Assís Mas, que se encargó de las negociaciones con los organismos implicados.

Entre 1913 y 1914, poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, se decidió la organización de una nueva exposición, que se celebraría en 1917 y se denominaría “Exposición de Industrias Eléctricas” por su importancia en el progreso económico de Cataluña.

Debido a los estragos de la Gran Guerra, que hundieron económicamente a la mayoría de países de la Exposición, su inauguración se retrasó. Este aplazamiento no seria el primero, ya que en 1923 el cambio de gobierno comportó un cambio en la organización, decidiéndose finalmente en el 1925 que la exposición tendría lugar el 1929, celebrándose conjuntamente con la Iberoamericana de Sevilla. La denominación de “Exposición de Industrias Eléctricas” no tenía sentido en los años veinte, por lo que pasaría a denominarse EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE BARCELONA.

Este cambio de nombre supuso una revisión del proyecto, que se aprobaría por el Consejo de Ministros, confiriéndole el carácter internacional y organizándose en tres bloques: El industrial, el de deportes y el del Arte en España.
  
Una vez aprobada la Exposición Internacional de Barcelona, se propusieron diversos lugares para su celebración:

1. El Gran Bosque, cerca del río Besós.
2. La plaza de las Glorias Catalanas.
3. Una solución mixta entre las dos primeras, unidas por una gran avenida.
4. La Ciudadela, donde ya se celebró la Exposición Internacional de 1888.
5. La barriada de Galvany, por encima de la avenida Diagonal.
6. Montjuïc.

Finalmente, en 1914, se eligió la montaña de Montjuïc como lugar para su celebración y fue declarado espacio de utilidad pública.

La elección del emplazamiento generó mucha polémica, entre otras cosas porque la topografía de la montaña de Montjuïc no era la más conveniente y se contradecía el Plan Jaussely, que potenciaba la zona de la plaza de las Glorias Catalanas, un emplazamiento llano y, en principio más apropiado para la Exposición.

Exposición Internacional de 1929: Construcción

A pesar del interés en el proyecto, su materialización fue lenta y se retrasó varios años, Incluso en el momento de su inauguración, algunos de los puntos más significativos, como la Fuente de la Plaza España, no se habían acabado.

En 1915 se presentó un primer anteproyecto dividido en tres proyectos más concretos, cada uno encargado a un equipo de arquitectos.


Se diferencian dos fases en su construcción: 1917-1923 y 1927-1929.

-1917-1923: Fase en que las obras fueron más rápidas. Se produce el ajardinamiento de diversas fincas de la de Montjuïc a cargo Jean-Claude Nicolas Forestier, que con la colaboración de Nicolau Maria Rubió i Tudirí; realizaron un conjunto mediterráneo, de gusto clasicista, combinando los jardines con la construcción de pérgolas y terrazas. También se construyen los
Palacios de Alfonso XIII, de Victoria Eugenia y la Urbanización de Miramar.

Urbanización Miramar

Con la
dictadura de Primo de Rivera en 1923, las obras se pararon, reemprendiéndose a inicios de 1926.

- 1927-1929: Se construyeron los restantes palacios y pabellones donde se evidenció una gran variedad estilística en los edificios, algunos fieles al
Noucentisme, otros recurrentes a tendencias historicistas y eclécticas, con especial influencia del barroco español. Pese a esta diversidad, en todas las construcciones existía un sentido de monumentalidad y grandilocuencia. En cambio, en los pabellones privados y de la Sección Internacional se encontraban soluciones más avanzadas, principalmente el Art Decó y el Racionalismo.
Construcción Plaza España