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jueves, 28 de octubre de 2010

Economía: La Exposición que no fue

En 1906 se comenzó a desarrollar la idea de una nueva Exposición en Barcelona gracias al grato recuerdo que se tenía de la del 1888. En un principio estaba previsto que fuera La Exposición de las Industrias Eléctricas, dado el avance de la tecnología y electricidad de la época. El centro de la Exposición iba a ser la electricidad, fuerza motriz de la segunda revolución industrial.

El arquitecto Josep Puig i Cadafalch comenzó a dar forma a la idea por aquella época, centrada en un estilo arquitectónico modernista. Entre 1913 y 1914 se eligió el emplazamiento de Montjuic para su desarrollo, y todo estaba previsto para que la Exposición se celebrara en el 1917, pero el proyecto se desarrollaba con lentitud debido a un ambiente político polarizado, crisis locales y la inminente llegada de la Primera Guerra Mundial.

Al final el proyecto se acabó posponiendo para más adelante, lo que implicó muchos cambios, como que ya no estuviese centrada en la electricidad, porque no era una novedad, y que se cambiara el estilo arquitectónico una vez destituido del mando Josep Puig i Cadafalch y la Lliga Regionalista. 

Aquí podemos ver algunos bocetos que diseñó Puig i Cadafalch sobre la Exposición de las Industrias Eléctricas:




               Palacio Central de la Exposición de las Idustrias Eléctricas


                                 
                 Vista Panorámica de la escalinata que llevaba hasta el Palacio

Economía: Gestación de la Exposición Internacional

El origen de la Exposició Internacional de Barcelona de 1929 lo encontramos dentro del contexto de finales del siglo XIX e inicios del XX. La segunda revolución industrial encamina los avances tecnológicos y el desarrollo económico de Catalunya.

Josep Puig i Cadafalch fue el impulsor de la idea de una nueva Exposición, de la que Francesc D’assís Mas, dirigente de la institución empresarial Fomento de Trabajo Nacional, se encargó de organizar, dirigir y coordinar todas las acciones necesarias para la creación. En 1913 creó una comisión mixta encargada de la organización de la Exposición Internacional, a cargo de los comisarios Francesc Cambó, Joan Pich i Pon y el propio Josep Puig i Cadafalch.

Ese año se debatió el lugar donde se tendría que emplazar el terreno adecuado para la Exposición. Por esas fechas, Barcelona estaba en plena expansión territorial, y se buscaron opciones que resultaran favorables para la economía de la ciudad, como por ejemplo organizarla en zonas no urbanizadas para fomentar la expansión y conexión con otras zonas de la ciudad.

Se presentaron los posibles escenarios en los que podría tener lugar la Exposición Internacional, con sus virtudes e inconvenientes  Estos eran:

-       1. La plaza de las Glorias Catalanas
-       2. El Gran Bosque, cerca del río Besós.
-       3. Una solución intermedia entre las dos primeras, unidas por una gran avenida, propuesta por el arquitecto Manuel Vega.
-       4. La zona de la Ciudadela, donde anteriormente se había celebrado la Exposición Universal de 1888. Esta cuarta opción era menos ambiciosa y más económica que las demás, ya que aprovechaba terreno e infraestructura de la anterior exposición.
-       5. La barriada de Galvany, por encima de la avenida Diagonal, con el razonamiento lógico de urbanizar la ciudad en dirección a la denominada "Zona Alta" y los núcleos de Sarrià y Sant Gervasi.
-       6. Montjuïc, que ya había sido comenzada a urbanizar lentamente desde el año 1872. Presentaba el grave inconveniente de ser el único emplazamiento de los propuestos que no era llano. Hasta aquel momento ninguna ciudad del mundo había celebrado una exposición internacional en un espacio que no fuera llano.

La solución más adecuada parecía la zona de las Glorias Catalanas, ya que era una zona completamente plana y que comunicaba con las zonas industriales de Sant Martí y Poble Nou. Muchos especuladores de terrenos aprovecharon la situación y probaron suerte con la compra de varios terrenos para revenderlos a un precio elevado. Pero finalmente la elegida fue Montjuic.

Economía: El proceso de construcción de la Exposición y sus problemas económicos

En 1914 se comenzó a diseñar lo que sería el anteproyecto de la Exposición, que iba a estar dedicada a las industrias eléctricas para una inauguración en 1917. Al llegar la Primera Guerra Mundial y la crisis local, los planes se truncaron y se pospuso para más adelante. Puig i Cadafalch, como presidente de la Mancomunidad comenzó las obras el 1917 después del parón, con la intención de tener las instalaciones preparadas para el 1925. De esta manera, durante la gestación de la Exposición intervenían huelgas, las elecciones de alcaldes posdinásticos, los años sangrientos de la posguerra, entre otros.

El colapso del gobierno central y la entrada en el poder de Primo de Rivera, con el espaldarazo de la élite barcelonesa, dejaron fuera a Puig i Cadafalch y a La Lliga Regionalista, que perdieron, primero su mando político y después su autoridad arquitectónica sobre los campos de Montjüic.
El presupuesto inicial fue de 130 millones de pesetas. Las obras resultaron ser un impulso económico para la ciudad, ya que fomentaron la creación de empleo y la llegada masiva de inmigrantes de varias zonas de la península, sobretodo de Murcia y Alicante. Aunque este hecho provocaría la creación de barricadas en la periferia de la ciudad para los inmigrantes, como la de Baró de Viver en el Besós, creando un distanciamiento económico-social aún más grande dentro de la sociedad barcelonesa. 

Durante la construcción de la Exposición se tuvo que recurrir a la expropiación de terrenos en la zona de Montjuic, ya que el ayuntamiento sólo disponía de 26 hectáreas cuando eran necesarias 110.

El clima político, económico y social de la época provocó muchos retrasos en la construcción de la Exposición. Las obras se centran básicamente en el período de 1917 a 1923 y de 1927 a 1929. Se puede suponer que la falta de fondos económicos llevó a que durante algunos años la construcción de las obras se detuviera. Según se aprecia en un artículo del director de La Vanguardia del 11 de Octubre de 1929, durante la celebración de la Exposición, Barcelona sufría un gran déficit público generado por la gran inversión del evento, en el que el estado sólo había invertido 10 millones de pesetas de los 230 que costó finalmente, así que Gaziel (entonces director del diario) pedía a Primo de Rivera colaboración económica para sufragar gastos, a lo que Primo hizo oídos sordos.

La fecha final elegida para la celebración de la Exposición Internacional de Barcelona fue el 1929. Esta fecha coincidió con la celebración de otra Exposición en Sevilla relacionada con las culturas iberoamericanas, lo que supuso una competencia económica que pasaría factura.
Otro golpe a la economía de la Exposición fue el crack de la bolsa de Nueva York del octubre de 1929, que se expandió rápidamente por todo el mundo y redujo el número de participantes en el certamen.

La Exposición Internacional de Barcelona se tuvo que alargar hasta bien entrado el 1930 para amortizar la inversión económica. Aún y así, la ciudad quedó endeudada por valor de 18 millones de pesetas.
Un factor que demuestra los problemas económicos con los que se desarrolló la Exposición es que el día de la inauguración, el 19 de mayo de 1929, aún estaban algunas obras por terminar. 

La precariedad y falta de tiempo llevó a los arquitectos a construir rápidamente y sin usar materiales de calidad ni cimientos. En parte, esto último era común en las Exposiciones, ya que al finalizar la misma se procedía a su demolición. Eran las llamadas “construcciones efímeras”.
Otras construcciones sí que se hicieron pensando en su permanencia y uso posterior, como los hoteles de Plaza Espanya, pensados inicialmente para su uso como viviendas una vez finalizada la Exposición para amortizar gastos. Finalmente se convirtieron en escuelas públicas y dependencias policiales. 

Pese a que económicamente se pueda considerar a la Exposición Internacional de Barcelona como un fracaso, el éxito de público que tuvo y su repercusión internacional hicieron más conocida la ciudad, lo que a la larga resultaría beneficioso para Barcelona.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Economía: Gastos económicos durante la Exposición

El objeto de la Exposición Internacional de 1929 fue fomentar las relaciones económicas de los otros países con España y realizar las transacciones con los otros núcleos nacionales Españoles; hacer de Barcelona y sus alrededores una continua atracción de turismo internacional y nacional, obteniendo beneficios para el comercio barcelonés y activar con motivo de la Exposición el embellecimiento y mejoramiento de Barcelona. 

"La Vanguardia" hizo público en 1932 los datos definitivos de los costes totales de la Exposición Internacional de 1929, que detallamos a continuación:

Tabla con los detalles de los gastos divididos por tipos/secciones:


Tabla del volumen de gastos dividido en las tres épocas de actividad económica:


Se puede deducir que la primera fase comporta los gastos relacionados con la adquisición del terreno y las obras realizadas para acondicionar el lugar, además de las primeras construcciones de edificios.
La segunda fase se dedició a la construcción de edificios, pero de manera más lenta, ya que aún no estaba decidida la fecha de innauguración y acababan de suceder cambios políticos importantes.
La última fase, una vez emplazada la fecha de 1929, comportó los mayores gastos, como la construcción de la mayoría de pavellones, esculturas, decoración, publicidad, entre otros.


Tabla con los ingresos obtenidos:


El éxito de la Exposición fue momentáneo, pues la crisis mundial que pesaba desde octubre del 1929 malogró todas las esperanzas iniciándose un retraimiento general en los negocios y una paralización de turismo. Hay que añadir las dificultades que la desconfianza general produjo en la colocación de capitales, impidiendo el normal desarrollo de la hacienda municipal, que tantos gastos tuvo que hacer para la celebración del certamen. 

Al final, la Exposición Internacional dejó a la ciudad endeudada por valor de 18 millones de pesetas, pero a pesar de todo ello Barcelona obtuvo otros beneficios importantes, y en ese aspecto la finalidad de la Exposición fue conseguida plenamente.
De las cifras de ingresos se desprende que se recaptaron en concepto de entradas 11 millones de pesetas. Hay que deducir de esta partida las entradas al Pueblo Español, que suman 1.131.764,24.

Visitaron la Exposición Internacional más de 6 millones de personas; 5,3 millones corresponden a entradas de habitantes de la ciudad y 700.000 entradas a nacionales y extranjeros no residentes en Barcelona. Calculando que cada uno de estos foráneos gastara 500 pesetas para cubrir todos los gastos, resultó que entraron en Barcelona y quedaron en la ciudad 350 millones de pesetas de gastos de los visitantes. A estas cantidades hay que añadir todavía lo siguiente: 

·         Coste total de la Exposición Internacional: 230 millones de pesetas.

o   Gastos en el extranjero y el resto de España: 10 millones de pesetas

o   Partida gastada en Barcelona: 220 millones de pesetas.


Si a esto le sumamos el gasto de los visitantes, se obtiene una cifra de 570 millones de pesetas que han sido pagados y gastados en Barcelona.


Dentro de los costes de la Exposición Internacional se pueden destacar los que repercuten directamente en el patrimonio municipal, que quedarían de la siguiente manera:



El ayuntamiento de Barcelona expropió 168 hectáreas en las faldas de Montjuic para la construcción de la Exposición por valor de 14,8 millones de pesetas. Este fue un factor decisivo para su organización en ese terreno si lo comparamos con los precios de otras zonas de Barcelona. Además, a los pocos años el valor del terreno en la zona de Montjuic se revalorizó, proporcionando al Ayuntamiento más poder económico.