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jueves, 28 de octubre de 2010

Economía: Empresas privadas en la Exposición Internacional de Barcelona

La Exposición Internacional de Barcelona sirvió de escaparate para multitud de empresas que querían reforzar su imagen o simplemente darse a conocer entre el gran público. Algunas empresas que estaban presentes durante la Exposición y que en la época tenían un gran poder económico fueron:


Pabellón de la Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona:
La Caixa, importante caja de ahorros en la actualidad, fue creada en 1904 por Francesc Moragas i Barret (1868-1935), un abogado que fundó la institución para ofrecer a empresarios y trabajadores un instrumento de ahorro para constituir pensiones que cobrar en el momento de la jubilación. El éxito fue inmediato.
Desde sus inicios”la Caixa” se dedicó de forma prioritaria al ahorro familiar y a ofrecer a todos sus clientes un seguro para la vejez, cuando todavía no existía este tipo de prestación social en España. El escaparate de la Exposición Internacional le sirvió para promocionar sus servicios a la gran masa de público asistente. En aquellos años “La Caixa” ya gozaba de gran popularidad y sus servicios eran muy conocidos, pero tras la Guerra Civil la institución fue intervenida por el franquismo y perdió toda su vitalidad. En 1990 se recuperaría totalmente para convertirse en la caja de ahorros líder en Catalunya.





Pabellón de la Compañía de Tabacos de Filipinas
Desde su fundación en 1881, la Compañía diversificó sus intereses tabaqueros a otros como el azúcar, convirtiéndose a lo largo de los años en un poder fáctico que daba trabajo a miles de empleados y se dirigía desde Barcelona, la 'casa madre'.
La compañía tenía su propio servicio de vapores para el transporte de tabaco, su línea férrea, unos mil kilómetros de vía para desplazar el azúcar, y hasta un negocio de seguros. La factoría, que exportaba tabacos a todo el mundo con departamentos de venta en Asia y Oceanía, a principios de siglo XX ya era la multinacional catalana más importante. Su presencia en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 dejaba claro su poder económico y mediático.





Pabellón de la Compañía Hispano-Suiza
Damià Mateu Bisa (1863-1935), creador de la marca de automóviles de lujo “Hispano Suiza”, creó en 1904 la sociedad anónima con Francesc Seix y Marc Birkigt. En las primeras décadas del siglo XX se afianzó como una de las marcas automovilísticas más lujosas del mundo.
Su presencia en la Exposición Internacional demuestra el poder económico que ostentaba la marca. Su pabellón era uno de los más visitados, atraídos por la espectacular colección de vehículos de lujo que pocos visitantes se podían permitir comprar.





Pabellón de Can Jorba:
 Los grandes almacenes tenían su propio pabellón para promocionarse entre los visitantes. Esto supuso un impulso para los almacenes en publicidad, y era motivo de atracción para los visitantes.
Un motivo especial que captaba el interés en los visitantes era el diseño del pabellón, con la forma de la torre Eiffel hecha con las letras de la marca patrocinadora –la J en lo alto y la A en la base de la torre–.
Después de su presencia en la Exposición Internacional, los almacenes Jorba de Portal del Ángel experimentaron un crecimiento notable, por lo que en 1932 se produjo una ampliación de la tienda, siendo ésta la más grande de Barcelona y la más innovadora. Esto lo demuestran sus escaleras mecánicas, servicios de guardería con zoológicos, salas de exposiciones, cursos gratuitos, entre otros.
En 1963 los almacenes Jorba desaparecieron y dejaron paso a otros establecimientos. Actualmente el edificio está ocupado por El Corte Inglés.





Otros pabellones, como el de la Confederación Hidrográfica del Ebro, aprovechaban los avances tecnológicos en los medios de comunicación de masas, como la aparición de fotografías en los diarios, para promocionarse y llamar la atención de los visitantes.
Un ejemplo de esta estrategia era publicar una fotografía del pabellón y anunciar algún tipo de evento/atracción suculento junto a la imagen. La compañía de la Confederación Hidrográfica del Ebro programaba sesiones cinematográficas gratuitas que explicaban cómo funcionaba la empresa y maravillaban al público con la tecnología que disponían en maquinaria hidráulica/eléctrica. Aquí se puede ver el anuncio:


Economía: La Exposición que no fue

En 1906 se comenzó a desarrollar la idea de una nueva Exposición en Barcelona gracias al grato recuerdo que se tenía de la del 1888. En un principio estaba previsto que fuera La Exposición de las Industrias Eléctricas, dado el avance de la tecnología y electricidad de la época. El centro de la Exposición iba a ser la electricidad, fuerza motriz de la segunda revolución industrial.

El arquitecto Josep Puig i Cadafalch comenzó a dar forma a la idea por aquella época, centrada en un estilo arquitectónico modernista. Entre 1913 y 1914 se eligió el emplazamiento de Montjuic para su desarrollo, y todo estaba previsto para que la Exposición se celebrara en el 1917, pero el proyecto se desarrollaba con lentitud debido a un ambiente político polarizado, crisis locales y la inminente llegada de la Primera Guerra Mundial.

Al final el proyecto se acabó posponiendo para más adelante, lo que implicó muchos cambios, como que ya no estuviese centrada en la electricidad, porque no era una novedad, y que se cambiara el estilo arquitectónico una vez destituido del mando Josep Puig i Cadafalch y la Lliga Regionalista. 

Aquí podemos ver algunos bocetos que diseñó Puig i Cadafalch sobre la Exposición de las Industrias Eléctricas:




               Palacio Central de la Exposición de las Idustrias Eléctricas


                                 
                 Vista Panorámica de la escalinata que llevaba hasta el Palacio

Economía: Gestación de la Exposición Internacional

El origen de la Exposició Internacional de Barcelona de 1929 lo encontramos dentro del contexto de finales del siglo XIX e inicios del XX. La segunda revolución industrial encamina los avances tecnológicos y el desarrollo económico de Catalunya.

Josep Puig i Cadafalch fue el impulsor de la idea de una nueva Exposición, de la que Francesc D’assís Mas, dirigente de la institución empresarial Fomento de Trabajo Nacional, se encargó de organizar, dirigir y coordinar todas las acciones necesarias para la creación. En 1913 creó una comisión mixta encargada de la organización de la Exposición Internacional, a cargo de los comisarios Francesc Cambó, Joan Pich i Pon y el propio Josep Puig i Cadafalch.

Ese año se debatió el lugar donde se tendría que emplazar el terreno adecuado para la Exposición. Por esas fechas, Barcelona estaba en plena expansión territorial, y se buscaron opciones que resultaran favorables para la economía de la ciudad, como por ejemplo organizarla en zonas no urbanizadas para fomentar la expansión y conexión con otras zonas de la ciudad.

Se presentaron los posibles escenarios en los que podría tener lugar la Exposición Internacional, con sus virtudes e inconvenientes  Estos eran:

-       1. La plaza de las Glorias Catalanas
-       2. El Gran Bosque, cerca del río Besós.
-       3. Una solución intermedia entre las dos primeras, unidas por una gran avenida, propuesta por el arquitecto Manuel Vega.
-       4. La zona de la Ciudadela, donde anteriormente se había celebrado la Exposición Universal de 1888. Esta cuarta opción era menos ambiciosa y más económica que las demás, ya que aprovechaba terreno e infraestructura de la anterior exposición.
-       5. La barriada de Galvany, por encima de la avenida Diagonal, con el razonamiento lógico de urbanizar la ciudad en dirección a la denominada "Zona Alta" y los núcleos de Sarrià y Sant Gervasi.
-       6. Montjuïc, que ya había sido comenzada a urbanizar lentamente desde el año 1872. Presentaba el grave inconveniente de ser el único emplazamiento de los propuestos que no era llano. Hasta aquel momento ninguna ciudad del mundo había celebrado una exposición internacional en un espacio que no fuera llano.

La solución más adecuada parecía la zona de las Glorias Catalanas, ya que era una zona completamente plana y que comunicaba con las zonas industriales de Sant Martí y Poble Nou. Muchos especuladores de terrenos aprovecharon la situación y probaron suerte con la compra de varios terrenos para revenderlos a un precio elevado. Pero finalmente la elegida fue Montjuic.

Economía: El proceso de construcción de la Exposición y sus problemas económicos

En 1914 se comenzó a diseñar lo que sería el anteproyecto de la Exposición, que iba a estar dedicada a las industrias eléctricas para una inauguración en 1917. Al llegar la Primera Guerra Mundial y la crisis local, los planes se truncaron y se pospuso para más adelante. Puig i Cadafalch, como presidente de la Mancomunidad comenzó las obras el 1917 después del parón, con la intención de tener las instalaciones preparadas para el 1925. De esta manera, durante la gestación de la Exposición intervenían huelgas, las elecciones de alcaldes posdinásticos, los años sangrientos de la posguerra, entre otros.

El colapso del gobierno central y la entrada en el poder de Primo de Rivera, con el espaldarazo de la élite barcelonesa, dejaron fuera a Puig i Cadafalch y a La Lliga Regionalista, que perdieron, primero su mando político y después su autoridad arquitectónica sobre los campos de Montjüic.
El presupuesto inicial fue de 130 millones de pesetas. Las obras resultaron ser un impulso económico para la ciudad, ya que fomentaron la creación de empleo y la llegada masiva de inmigrantes de varias zonas de la península, sobretodo de Murcia y Alicante. Aunque este hecho provocaría la creación de barricadas en la periferia de la ciudad para los inmigrantes, como la de Baró de Viver en el Besós, creando un distanciamiento económico-social aún más grande dentro de la sociedad barcelonesa. 

Durante la construcción de la Exposición se tuvo que recurrir a la expropiación de terrenos en la zona de Montjuic, ya que el ayuntamiento sólo disponía de 26 hectáreas cuando eran necesarias 110.

El clima político, económico y social de la época provocó muchos retrasos en la construcción de la Exposición. Las obras se centran básicamente en el período de 1917 a 1923 y de 1927 a 1929. Se puede suponer que la falta de fondos económicos llevó a que durante algunos años la construcción de las obras se detuviera. Según se aprecia en un artículo del director de La Vanguardia del 11 de Octubre de 1929, durante la celebración de la Exposición, Barcelona sufría un gran déficit público generado por la gran inversión del evento, en el que el estado sólo había invertido 10 millones de pesetas de los 230 que costó finalmente, así que Gaziel (entonces director del diario) pedía a Primo de Rivera colaboración económica para sufragar gastos, a lo que Primo hizo oídos sordos.

La fecha final elegida para la celebración de la Exposición Internacional de Barcelona fue el 1929. Esta fecha coincidió con la celebración de otra Exposición en Sevilla relacionada con las culturas iberoamericanas, lo que supuso una competencia económica que pasaría factura.
Otro golpe a la economía de la Exposición fue el crack de la bolsa de Nueva York del octubre de 1929, que se expandió rápidamente por todo el mundo y redujo el número de participantes en el certamen.

La Exposición Internacional de Barcelona se tuvo que alargar hasta bien entrado el 1930 para amortizar la inversión económica. Aún y así, la ciudad quedó endeudada por valor de 18 millones de pesetas.
Un factor que demuestra los problemas económicos con los que se desarrolló la Exposición es que el día de la inauguración, el 19 de mayo de 1929, aún estaban algunas obras por terminar. 

La precariedad y falta de tiempo llevó a los arquitectos a construir rápidamente y sin usar materiales de calidad ni cimientos. En parte, esto último era común en las Exposiciones, ya que al finalizar la misma se procedía a su demolición. Eran las llamadas “construcciones efímeras”.
Otras construcciones sí que se hicieron pensando en su permanencia y uso posterior, como los hoteles de Plaza Espanya, pensados inicialmente para su uso como viviendas una vez finalizada la Exposición para amortizar gastos. Finalmente se convirtieron en escuelas públicas y dependencias policiales. 

Pese a que económicamente se pueda considerar a la Exposición Internacional de Barcelona como un fracaso, el éxito de público que tuvo y su repercusión internacional hicieron más conocida la ciudad, lo que a la larga resultaría beneficioso para Barcelona.

Economía: cambios y expansión (1900-1930)

Los cambios económicos más significativos estaban relacionados con la banca, que a principios del siglo XX se modernizó. El Banco de España comenzó a desarrollar funciones de banco central y aparecieron otros bancos que expandieron sus redes sucursales. La banca catalana quedó relegada en un segundo plano, mientras que los bancos vascos y madrileños se expandían. Después de la Primera Guerra Mundial el Banco de Barcelona y el Banco de Terrassa entraron en suspensión de pagos. 

El Banco de Cataluña, creado en 1920, se expandió rápidamente, pero en 1931 tuvo que hacer suspensión de pagos. Barcelona, que había sido la principal ciudad financiera de España a mediados del siglo XIX, dejaba de tener una banca comercial propia. En Cataluña solamente quedaron el Banco Hispano Colonial y el Banco de Sabadell. La concentración del mercado financiero en unos cuantos bancos se mantuvo durante las décadas siguientes. La red financiera española estaba controlada, entonces, por unos pocos oligopolios. 

Entre el 1890 y el 1930 el producto interior bruto (PIB) de Catalunya aumentó desde poco más de 1.000 millones de pesetas hasta más de 7.000, motivado, en gran parte, por la inflación. Esto supuso un factor multiplicador de casi el triple. El resto de España no llegó a duplicarlo durante el mismo tiempo. Las dimensiones relativas de Catalunya dentro de la economía española se ampliaron considerablemente. Una parte del crecimiento de la producción estaba motivado por el aumento de la población en esas fechas. Además, la evolución expansiva del PIB por habitante demostró que la mejora de la eficiencia en el sistema productivo aún fue mayor.
Por lo tanto, la pérdida del mercado colonial y el supuesto desastre del 1898 no parecen elementos perturbadores para la economía de Catalunya.


La población activa vivió un cambio dentro del proceso de industrialización. El número de agricultores se redujo ligeramente y la proporción sobre el total de los activos bajó desde cerca de la mitad hasta poco más de una cuarta parte. Al mismo tiempo los ocupados en la industria aumentaban casi por dos, y los activos del terciario, por una. Por ello, la evolución de proceso resultó en una economía intensamente industrializada allá por 1930.




El nivel salarial de los trabajadores era el principal indicador de la renda disponible en las economías familiares. Los salarios registraron una trayectoria ligeramente ascendente durante todo el periodo, a excepción de los años de la Primera Guerra Mundial, pero una vez acabada ésta, el aumento fue mucho mayor. Entre 1926 y 1930 los salarios reales de la industria habían aumentado más de un 60% respecto al quinquenio de 1901-1905.
Durante el ciclo bélico tuvo lugar una baja considerable de las rendas: se perdió del 10 al 20% del poder adquisitivo debido a que el ritmo de aumento de los precios era superior al de los salarios. Aun así el consumo fue creciendo lentamente para, después de 1920, superar los niveles vistos antes de la Primera Guerra Mundial. 

Durante la década de 1920-1930 los factores que contribuyeron a la ampliación de la demanda fueron el impulso inversor en relación con la obra pública, la modernización de los transportes urbanos y la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. La inversión residencial, relacionada con la inmigración, resultaba un elemento activo dinamizador de la demanda.
En general podemos resumir en cuatro puntos los factores que contribuyeron al crecimiento económico del período pre-Exposición Internacional:

-             Gran movilización de trabajo: tuvo su origen en el traslado de población rural hacia los sectores   modernizados de la economía y también en la gran entrada de inmigrantes de la etapa de 1916-1930.





-          Una elevación consistente en la dotación capital, relacionada con el aumento de los excedentes de la explotación de las empresas, las transferencias del exterior y la inversión extranjera.
-          La expansión de la producción de electricidad de origen hidráulico y la reducción de la factura energética.
-          La mejora continua de la movilidad de las personas, mercaderías  e información.
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Economía: evolución y crecimiento (1900-1930)

El marco económico catalán en el que podemos situar la gestación de la Exposición Internacional de 1929 se sitúa dentro de la llamada segunda revolución industrial. La situación económica que se desarrolló a partir de la última década del siglo XIX fue transformando la sociedad catalana hasta bien entrada la década de los años 30 del siglo XX.
La diversificación productiva fue uno de los elementos importantes en la expansión de la economía catalana, impulsada fuertemente por la producción hidroeléctrica i el abaratamiento de costes energéticos ya desde finales del siglo XIX. Esta diversificación llevó a la creación de pequeñas empresas bastante rentables dedicadas a la fabricación de todo tipo de instrumentos, herramientas, maquinaria agrícola o automóviles entre otros. 

De esta manera ya en la década de los años 30 la industria catalana habría potenciado el mercado de la metalurgia, la química, el cuero, el papel y el libro, además del textil i el alimentario.
Mención aparte al sector de la construcción, que evidenció una subida notable debido a la demanda generada por la inmigración procedente del campo del resto de Cataluña, que se tuvo que situar en zonas construidas para el proletariado, como Baró de Viver. La Exposición Internacional del 1929 fue un factor decisivo, ya que atrajo a población procedente de zonas de España como Murcia o Alicante, que llegaron para trabajar en las obras de la exposición.


Otro elemento clave en el crecimiento de la economía catalana de principios del siglo XX fue el “boom” exportador generado por la neutralidad en el conflicto de la Primera Guerra Mundial. Esta situación produjo grandes cambios en el sector exterior. Las exportaciones eran principalmente de productos agrarios (vino, harina, maíz, aceite, naranjas) y ganaron importancia los minerales (mercurio, hierro, plomo). Las provisiones de los países en guerra escasearon, lo que facilitó e impulsó las exportaciones. Esto causó inflación en el mercado español y una vez acabada la guerra se desplomaron las ventas debido a la inmediata crisis de postguerra.


La estructura de las importaciones también cambió y se diversificó; el algodón y los alimentos dejaron paso a los productos manufacturados como la maquinaria, los productos químicos o el acero, procedentes de países más desarrollados.
Los intercambios comerciales con el extranjero estaban muy concentrados: el 60% de las importaciones procedían de 4 países (EEUU, Francia, Gran Bretaña y Argentina) y las exportaciones se hacían principalmente a Francia y Gran Bretaña.
Una vez acabada la guerra, los nuevos mercados exteriores se perdieron, y la peseta quedó sobrevalorada. La crisis de la postguerra fue larga, y la expansión económica de los años 20 no solucionó los problemas de exceso de capacidad productiva. La inversión pública durante la dictadura de Primo de Rivera impulsó el crecimiento, pero a la vez aumentó un déficit público de una manera insostenible.

Economía: el inicio de la crisis (1930)

Entrada la década de los años 30, comienza la época de estancamiento económico más largo y grave vivido en Catalunya en el siglo XX. Los detonantes son la depresión económica mundial de los años 30 y la guerra civil española con todas sus consecuencias (aislamiento radical del resto del mundo en términos económicos), que llevarán a Catalunya y a España a estancarse en una dictadura férrea de varias décadas.

En ese período, la distribución por sectores de la población activa catalana era muy diferente al de la española, donde el sector primario tenía un papel más importante. En el año 1930, la mitad de los trabajadores catalanes se dedicaban al sector segundario, pero a lo largo de los años 30 el cambio fundamental consistió en la disminución del porcentaje de trabajadores en la industria a favor de los trabajadores en el sector de servicios. Estos datos nos indican la importancia de la industria en Catalunya en relación a la del conjunto del Estado español. La rama industrial más importante era la del consumo, especialmente el textil.

Los efectos de la crisis afectaron de manera desigual en diferentes sectores de la economía. Los más perjudicados fueron los orientados a la exportación (productos agrarios, metalurgia, minería, construcción).
A la situación de la economía catalana, a parte de la incidencia de la crisis mundial, hay que sumarle unos problemas internos relacionados con la caída de las inversiones, provocadas por la desconfianza de un importante sector de la burguesía en relación a las nuevas autoridades políticas. Otro problema fue la conflictividad impulsada por las asociaciones obreras debido a las limitaciones de las reformas iniciadas por el gobierno republicano.

La crisis en Catalunya, que se complicó por la falta de un sector financiero fuerte, se acentuó a partir de 1933, cuando la bajada de los salarios agrícolas produjo un retroceso de la demanda interna. A partir de ese momento la tasa de paro y los conflictos laborales no dejaron de aumentar en gran parte de los sectores de la industria y los servicios. 

Economía: la dictadura y la crisis económica

Cuando se impuso la dictadura, la administración económica acabó con consecuencias desastrosas. La distribución de la renta nacional sufrió un cambio negativo, con una bajada importante en la participación de las rentas salariales. La consecuencia era la depresión del consumo y el bloqueo de la recuperación económica.

En los años 20, la economía se alimentaba de un gran consumo expansivo, pero acabó explotando por un endeudamiento generalizado en familias y empresas. La restricción del crédito sufrida en 1929 en EEUU se transmitió rápidamente al resto del mundo. Las consecuencias fueron que la inversión se desplomó, lo que arrastró la producción y la ocupación a un fracaso seguro.

Para España y Catalunya, las consecuencias de la crisis fueron devastadoras. Al acabar la guerra Civil, España estaba endeudada con muchos países y escasa de reservas. Esto provocó un aumento de la inflación inevitable para financiar el déficit público.

Como se puede ver en este gráfico, el incremento de los precios avanzó durante todo el período de depresión. La escasez de alimentos y de otras provisiones básicas era por sí misma una causa de incremento de precios.



A partir de 1930 se produjo un cambio de ritmo evidente en la evolución de la población catalana. La inmigración disminuyó debido a la crisis de los años 30, y la contrarreforma agraria y el aumento demográfico generaron grandes corrientes migratorias que las ciudades no estaban preparadas para absorber. 
Esto produjo un problema por la falta de viviendas en las grandes ciudades. Con la economía bajo mínimos y el sector de la construcción muy débil, se potenció la construcción de barracas para la clase baja.

La dictadura subordinó la reconstrucción económica en relación a su propia supervivencia política. El régimen fue la causa de la inflación descontrolada, de la creación de un sector público industrial parasitario y poco competitivo en contra del sector privado, de los salarios pobres y de la debilidad de la demanda interna, de las anomalías en el racionamiento de alimentos y de las restricciones energéticas.  

En definitiva, después de 1930 Catalunya comenzó una época de recesión y crisis nunca antes vivida. La exposición Internacional de Barcelona marca la fecha del inicio de una época desastrosa para la economía catalana en décadas venideras.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Economía: Gastos económicos durante la Exposición

El objeto de la Exposición Internacional de 1929 fue fomentar las relaciones económicas de los otros países con España y realizar las transacciones con los otros núcleos nacionales Españoles; hacer de Barcelona y sus alrededores una continua atracción de turismo internacional y nacional, obteniendo beneficios para el comercio barcelonés y activar con motivo de la Exposición el embellecimiento y mejoramiento de Barcelona. 

"La Vanguardia" hizo público en 1932 los datos definitivos de los costes totales de la Exposición Internacional de 1929, que detallamos a continuación:

Tabla con los detalles de los gastos divididos por tipos/secciones:


Tabla del volumen de gastos dividido en las tres épocas de actividad económica:


Se puede deducir que la primera fase comporta los gastos relacionados con la adquisición del terreno y las obras realizadas para acondicionar el lugar, además de las primeras construcciones de edificios.
La segunda fase se dedició a la construcción de edificios, pero de manera más lenta, ya que aún no estaba decidida la fecha de innauguración y acababan de suceder cambios políticos importantes.
La última fase, una vez emplazada la fecha de 1929, comportó los mayores gastos, como la construcción de la mayoría de pavellones, esculturas, decoración, publicidad, entre otros.


Tabla con los ingresos obtenidos:


El éxito de la Exposición fue momentáneo, pues la crisis mundial que pesaba desde octubre del 1929 malogró todas las esperanzas iniciándose un retraimiento general en los negocios y una paralización de turismo. Hay que añadir las dificultades que la desconfianza general produjo en la colocación de capitales, impidiendo el normal desarrollo de la hacienda municipal, que tantos gastos tuvo que hacer para la celebración del certamen. 

Al final, la Exposición Internacional dejó a la ciudad endeudada por valor de 18 millones de pesetas, pero a pesar de todo ello Barcelona obtuvo otros beneficios importantes, y en ese aspecto la finalidad de la Exposición fue conseguida plenamente.
De las cifras de ingresos se desprende que se recaptaron en concepto de entradas 11 millones de pesetas. Hay que deducir de esta partida las entradas al Pueblo Español, que suman 1.131.764,24.

Visitaron la Exposición Internacional más de 6 millones de personas; 5,3 millones corresponden a entradas de habitantes de la ciudad y 700.000 entradas a nacionales y extranjeros no residentes en Barcelona. Calculando que cada uno de estos foráneos gastara 500 pesetas para cubrir todos los gastos, resultó que entraron en Barcelona y quedaron en la ciudad 350 millones de pesetas de gastos de los visitantes. A estas cantidades hay que añadir todavía lo siguiente: 

·         Coste total de la Exposición Internacional: 230 millones de pesetas.

o   Gastos en el extranjero y el resto de España: 10 millones de pesetas

o   Partida gastada en Barcelona: 220 millones de pesetas.


Si a esto le sumamos el gasto de los visitantes, se obtiene una cifra de 570 millones de pesetas que han sido pagados y gastados en Barcelona.


Dentro de los costes de la Exposición Internacional se pueden destacar los que repercuten directamente en el patrimonio municipal, que quedarían de la siguiente manera:



El ayuntamiento de Barcelona expropió 168 hectáreas en las faldas de Montjuic para la construcción de la Exposición por valor de 14,8 millones de pesetas. Este fue un factor decisivo para su organización en ese terreno si lo comparamos con los precios de otras zonas de Barcelona. Además, a los pocos años el valor del terreno en la zona de Montjuic se revalorizó, proporcionando al Ayuntamiento más poder económico.